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Análisis

El Niño 2026: cómo prepararse cuando la historia deja de servir de guía

El mar frente al Perú supera en más de 4 °C lo normal y julio batió récords de calor. Con un El Niño que la NOAA proyecta entre los más fuertes desde 1950, la pregunta ya no es a qué año se parecerá, sino cómo prepararse.

Por Equipo Solvayu

Frente a las costas del Perú, el mar está caliente de una forma que incomoda a los especialistas. Según el último comunicado del ENFEN, la temperatura superficial en la región Niño 1+2 se mantiene más de 4 °C por encima de lo normal, y en algunas zonas ha superado los 5 °C. En tierra, el efecto ya se siente fuera de temporada: entre el 11 y el 20 de julio, la costa central y norte registró anomalías de hasta 7 °C; Cañete llegó a 27,7 °C un 14 de julio —ocho grados y medio sobre lo habitual— y Lima vivió uno de los "inviernos" más cálidos en años. El ENFEN mantiene el estado de alerta de El Niño Costero, con magnitud fuerte entre junio y septiembre.

El panorama de fondo es todavía más grande. La NOAA proyecta un 81 % de probabilidad de que, entre octubre y diciembre, el El Niño del Pacífico central sea muy fuerte y se ubique entre los mayores registrados desde 1950. Los treinta miembros del modelo del laboratorio geofísico estadounidense (GFDL) coinciden en un pico comparable a los eventos más intensos del último siglo. En otras palabras: no es un año más.

Picos del índice ONI de los grandes El Niño desde 1950. Por el ONI crudo, 2026 se sale de la tabla; por el RONI de NOAA queda a la par de 1997.
Picos del índice ONI de los grandes El Niño desde 1950. Por el ONI crudo, 2026 se sale de la tabla; por el RONI de NOAA queda a la par de 1997.

Aquí aparece la pregunta que se hacen, con toda razón, los responsables de operaciones: si este año está marcando récords, ¿a qué año del pasado nos parecemos para saber qué esperar? Y la respuesta honesta —la que un científico serio dará antes que una predicción tajante— es incómoda: cuando el presente está en el tope del registro histórico, el pasado deja de ser una buena guía.

La forma habitual de prepararse ante El Niño es por analogía. Se busca el evento previo más parecido —1982-83, 1997-98, o el costero de 2017 que dejó huaicos e inundaciones en el norte— y se planifica asumiendo que se repetirá algo similar. Es un método razonable, pero tiene un talón de Aquiles: solo funciona mientras las condiciones se mantengan dentro de lo ya visto. Este año hay al menos dos razones para desconfiar de la analogía. La primera es que todo ocurre sobre un océano que ya venía batiendo récords de calor a nivel global, de modo que un mismo índice puede producir impactos distintos a los de hace veinte o treinta años. La segunda es una peculiaridad peruana: El Niño Costero, pegado a nuestro litoral, no siempre va de la mano del El Niño del Pacífico central —en 2017 golpeó con fuerza casi sin aviso del indicador global—, así que el país tiene su propia carta salvaje.

Nada de esto significa que no se pueda hacer nada. Significa que la preparación debe cambiar de lógica: dejar de apostar por un único escenario ("será como el 98", "será como el 2017") y alistarse para un abanico más amplio de desenlaces. En la práctica, y según la geografía, eso implica cosas concretas. En la costa norte y central, prepararse para lluvias torrenciales: limpiar y reforzar drenajes, proteger infraestructura y activos, y tener protocolos de alerta ante huaicos e inundaciones. En el sur y la sierra, vigilar el otro extremo —el déficit hídrico— y gestionar el agua con anticipación. Y en todas partes, el calor anómalo, ya presente en pleno julio, que estresa a los cultivos, altera los ciclos de plagas y enfermedades, y golpea a los trabajadores en campo.

Pero hay un punto que ordena a todos los demás. Un pronóstico estacional te dice que el océano está "cargado"; no te dice qué pasará el martes en tu parcela. Y cuando la señal es récord y sin precedente, esa distancia entre el pronóstico regional y la realidad local se vuelve crítica: es exactamente donde la analogía falla. La única forma de cerrar esa brecha es medir en el sitio, en tiempo real, y fijar umbrales de acción antes de que llegue el evento, no durante.

Ahí está la paradoja de un año como este: cuanto más extremo e inédito es el fenómeno, menos puedes apoyarte en la historia y más tienes que apoyarte en tus propios instrumentos. Prepararse para un El Niño que rompe récords no consiste en adivinar el desenlace exacto —nadie puede, y quien lo asegure debería preocuparte—, sino en poder verlo llegar, caiga donde caiga.

Preguntas frecuentes

¿Qué se espera de El Niño en 2026 en el Perú?
Un evento cuya intensidad se sale de los registros históricos por el calentamiento del océano. NOAA usa el índice RONI para compararlo, y por RONI 2026 se ubica a la par de 1997.
¿Por qué la historia ya no sirve para predecir El Niño?
Porque el calentamiento global cambió la línea base del océano: comparar el ONI crudo con eventos antiguos sobreestima la señal. Por eso se usa el RONI, que ajusta esa tendencia.

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